Thula Netzebandt, voluntaria de 19 años, llegó al Centro de Comunicación Cultural Chasqui con la intención de vivir una nueva experiencia después de terminar el colegio. “Es una pregunta difícil: ¿por qué vine a Chasqui? Quería hacer algo después del colegio y encontré un espacio para voluntarios en Bolivia”, cuenta.
Desde su llegada, Thula asegura haberse sentido cómoda en Chasqui, principalmente por el ambiente cercano y tranquilo que encontró. Para ella, es un espacio donde puede mostrarse tal como es, incluso en los días en que está cansada o no se siente perfecta. “Eso está bien, porque Chasqui es tranquilo. Las personas que están aquí son muy cercanas”, señala.
Un taller de inglés que también es un espacio de confianza
Una de sus principales actividades como voluntaria es el taller de inglés, un espacio que busca ir más allá del aprendizaje del idioma. Para Thula, lo más importante es que las niñas y los niños se sientan cómodos y puedan aprender sin presión.
“Quiero que el taller sea un espacio para aprender, pero también como una familia, porque todos se sienten cercanos y amigables. Eso es una motivación para que los niños no sientan mucha presión”, explica.
Para facilitar el aprendizaje, decidió dividir a los participantes en dos grupos, tomando en cuenta principalmente sus diferentes niveles de conocimiento y no tanto sus edades. Esta decisión surgió al observar que algunos niños sentían frustración cuando no comprendían determinados temas en inglés.
“Quiero evitar esa frustración. Es mejor que puedan aprender de una manera más relajada y sin presión”, afirma.
Su metodología combina el aprendizaje con juegos y actividades dinámicas. Thula busca constantemente nuevas formas de explicar los contenidos para que sean comprensibles y entretenidos. La motivación de los propios niños también la ha sorprendido. En una ocasión, incluso le pidieron más tareas porque querían continuar aprendiendo.
“Ahora estoy preparando muchas tareas y hojas de trabajo porque ellos quieren aprender más”, cuenta con entusiasmo.
Para mi también es importante, tener muchos juegos, como los chicos están cada día en sus colegios, estando aquí quieren aprender divirtiéndose y aprender con juegos y no como imposición.
Es muy importante tener un espacio para escuchar, si quieren hablar de comida, lo que pasa de sus familias, colegios, es valioso. Es como el grupo se siente mas unidos y personal.
Aprender juntos también fuera del aula
Para Thula, ser parte de Chasqui no significa únicamente desarrollar actividades o talleres. También implica compartir las tareas cotidianas. Limpiar, cocinar, preparar materiales y conversar sobre los problemas que necesitan solución forman parte de la convivencia diaria.
“Para mí es lógico que todos tengamos que hacer de todo. Siempre hay mucho trabajo y muchas cosas que tenemos que hacer. Por eso Chasqui también es como una familia”, comenta.
Incluso cocinar se convirtió en una experiencia especial. Al principio, Thula recuerda haber estado nerviosa porque no sabía si su comida sería del agrado de los demás. Sin embargo, la experiencia le permitió compartir parte de su cultura y, al mismo tiempo, conocer las tradiciones de Bolivia.
“Siempre me muestran la comida tradicional y estoy muy feliz de poder mostrar también mis tradiciones y las cosas que me gustan de Alemania”, expresa.
Bolivia y los pequeños detalles
Durante su estadía, Thula también ha encontrado aspectos de Bolivia que disfruta especialmente. Destaca la tranquilidad de las personas y la amabilidad que ha recibido, incluso cuando todavía está aprendiendo a comunicarse en español.
“Las personas son muy amables. No he sentido preocupación. Me gusta mucho Bolivia”, afirma.
Entre las cosas que más le llaman la atención están los perros que encuentra en las calles. “Me gustan los perritos. En Alemania no hay perritos en la calle”, comenta entre risas.
Lo que se lleva de Chasqui
Más allá de las actividades y los aprendizajes, Thula siente que Chasqui le ha mostrado otra manera de relacionarse con las personas. En Alemania, explica, no es tan común tener reuniones constantes o compartir momentos cotidianos de manera espontánea.
En Chasqui, en cambio, conversar mientras toman un té o un café se ha convertido para ella en algo especial.
“Para mí es más normal disfrutar con las personas. Está bien si no hablo y también está bien si estamos conversando y riendo”, reflexiona.
Esa convivencia cotidiana es, quizá, uno de los aprendizajes más importantes que Thula se llevará de su experiencia como voluntaria: entender que compartir, escuchar, reír, trabajar juntos y hasta guardar silencio también son formas de construir comunidad.

